I'll find you.

domingo, 31 de julio de 2011 19:09


—¡Entonces, ven ahora, conmigo!

¡Ah!, el eco doloroso de las palabras de Armand. Y de la vana súplica de Gabrielle, diez años después.

—Es una invitación más tentadora de lo que supones —respondió Marius—, pero te causaría un gran perjuicio si te acompañara. Me interpondría entre el mundo y tú. No podría evitar hacerlo.

Moví la cabeza y aparté la vista, lleno de amargura.

—¿Quieres continuar adelante? —preguntó él entonces—. ¿O prefieres que se cumplan las predicciones de Gabrielle?
—Quiero continuar —declaré.
—Entonces, debes irte. Dentro de un siglo, tal vez menos, nos encontraremos de nuevo. Yo no estaré en esta isla. Me habré llevado a Los Que Deben Ser Guardados a otra parte, pero, dondequiera que estemos los dos, te encontraré. Y entonces seré yo quien no querrá alejarse de ti. Seré yo quien te suplique que te quedes. Me deleitará tu compañía, tu conversación, el simple hecho de verte, tu resistencia y tu arrojo, y tu ausencia de fe en nada..., todas las cosas de ti que ya amo con demasiada intensidad.

Apenas pude escuchar todo aquello sin que mis emociones se desbordaran. Quise suplicarle que me permitiera quedarme.

—¿No puede ser ahora? ¿Es absolutamente imposible? —inquirí—. ¿No puedo prescindir de vivir esa existencia?
—No. Es totalmente imposible —respondió—. Podría contarte historias eternamente, pero no son un sustituto para la vida. Ya lo he intentado con otros, créeme, pero nunca lo he conseguido. No puedo enseñar lo que se aprende en una vida. No debería haber tomado a Armand siendo tan joven, y sus siglos de locura y sufrimiento son, aun hoy, una penitencia para mí. Le hiciste un favor enviándole al París de este siglo, pero me temo que ya sea demasiado tarde para él. Créeme, Lestat, cuando te digo que así han de ser las cosas. Tienes que vivir esa existencia porque quienes se ven privados de ella dan vueltas sin encontrar satisfacción hasta que, finalmente, han de vivirla en cualquier parte o ser destruidos.

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—No sabes cuánto deseo que te quedes junto a mí —dijo—, pero la vida está ahí fuera, no aquí. Cuando volvamos a encontrarnos te contaré más cosas, pero, de momento, ya sabes todo lo necesario.  Pero créeme, mi joven amigo: deseo desesperadamente que te quedes conmigo. No sabes cuánto lo deseo. Te prometo que, cuando llegue el momento, te encontraré.

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